¿Por qué está perdiendo Chile?

A estas alturas ya están bastante claro a lo menos dos cosas: que el crecimiento económico es condición necesaria; pero no suficiente para alcanzar el desarrollo y que los defensores del status quo a vista, ingenuidad y paciencia de todos; nos están negando la posibilidad de un Chile moderno y competitivo, justo y solidario.

En lo territorial, la Región Metropolitana de Santiago sigue concentrando los recursos de todos los chilenos para mantener su competitividad latinoamericana y buscando una calidad de vida imposible de encontrar producto de su propia concentración y hacinamiento. Pierde Chile porque el sueño de mayor integración y equilibrio territorial, justamente para fortalecer la real competitividad de todo el país, sigue esperando.

En educación el lucro, abierto y permitido en el sector preuniversitario y el encubierto y prohibido en el universitario, está barriendo con el tradicional esfuerzo colectivo centrado en la calidad del proyecto educativo. Y el desequilibrio derivado de la férrea defensa de la libertad de enseñanza por sobre el derecho a una educación de calidad, junto al demencial abandono de la Educación Pública, separan cada vez más a nuestros jóvenes según la suerte que tuvieron al nacer y acceder al sistema educacional. Pierde Chile porque se daña un pilar clave para su desarrollo: la igualdad de oportunidades para todos.

En las universidades, los que concentran los recursos de todos defienden el estado de cosas, lo que en definitiva obstaculiza el desarrollo de las instituciones emergentes. Pierde Chile porque se niega la posibilidad de potenciar e integrar el talento de las personas, académico y científico, desplegado a lo largo y ancho del territorio.

En el debate sobre la redistribución del ingreso y los impuestos se amenaza diciendo que los que tenemos más podríamos dejar de aportar al país porque no tendríamos incentivos para producir más y mejor y que aquello se traduciría en desempleo, con lo cual el pueblo sufriría, etc., etc. Pierde Chile al no avanzar hacia un desarrollo más integral y equitativo y en asegurar paz social, lo que afecta a su vez la inversión y así se encadena todo hasta la perdida posterior de competitividad.

En el acceso de los jóvenes a la política, la defensa se vincula a la idea de que la experiencia sería crucial ya que la prudencia es clave en los asuntos de Estado, como si aquello fuese un patrimonio exclusivo que se alcanza con la edad, cuando todos sabemos que los errores más caros para el país no los han cometido los jóvenes. Pierde Chile, porque no llegan los mejores al liderazgo para conducir a la Nación.

En realidad lo que está detrás es el solapado aunque violento esfuerzo de unos pocos por la mantención del status quo, de los privilegios de aquellos que ciertamente son menos competitivos porque, en general, sus ventajas no están ligadas al talento ni al mérito. Se deben más bien a las relaciones bajo la mesa, fuera de la cancha, al lobby. Es decir, aquellos están más bien porque se mantengan las desigualdades derivadas de las fuertes diferencias en calidad de la educación, del acceso a la cultura y las artes, al crédito para iniciar y financiar una empresa, de la incorporación a los cerrados círculos políticos; de la pertenencia a las “redes” formadas y cultivadas en esos protegidos entornos socio-económicos y político-culturales.

¿Se imagina usted lo que pasaría si lográsemos avanzar hacia una sociedad basada en el mérito, si verdaderamente emparejásemos la cancha entre las personas, entre las regiones, entre las Ues, entre los grupos sociales, entre las pequeñas, medianas y grandes empresas, entre los medios de comunicación, entre los grupos políticos?.

A mí me parece claro; habría verdadera igualdad de oportunidades y competencia real; emergerían los mejores talentos, los mejores líderes, las mejores empresas, los mejores medios de comunicación, los mejores políticos y, con toda seguridad, erradicaríamos la pobreza.

Por cierto, no seríamos todos iguales; pero tendríamos una sociedad en que cada persona, por el solo hecho de serla, recibiría un trato digno, unas condiciones de vida decentes y unas oportunidades reales para el desarrollo personal y el de su familia.

Para tener un Chile que sea más CHILE para todos, debemos enfrentar con seriedad los problemas reales del país y trabajar todos juntos, con lealtad y amistad cívica, para alcanzar el desarrollo.

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